¡Hola, lazarillos y lazarillas! Este es probablemente uno de los “posts” que más me ha gustado hacer, por mi amor por la lectura y por los clásicos.
Muchas veces me preguntáis cómo trabajo los clásicos en el aula (mi pasión por ellos es una de mis fuentes de inspiración y motor) y compartís conmigo que es difícil acercarlos a los jóvenes, ya que no suelen ser de su interés porque los ven como algo muy ajeno y lejano a ellos en espacio y tiempo. Pues bien, a mí siempre me gusta decirle/recordarle a mi alumnado que los clásicos están vivos, que nunca morirán porque son atemporales, porque tratan temas existenciales y universales que afectan a todo ser humano sea cual sea la época y su condición social o cultural, y que se han convertido en lugares comunes justamente por ello.
En esta publicación he condensado las observaciones del periodista y escritor italiano Italo Calvino sobre el controvertido concepto de "clásicos". ¿Cuántas veces hemos pensado: “Pero ¿qué es un clásico realmente"? ¿Consideramos «un clásico» solo a una obra antigua o también moderna? ¿Qué características ha de reunir un autor/a u obra para convertirse en un clásico? ¡Polémica cuestión! A este asunto dedica Calvino unas magníficas líneas.
https://www.siruela.com/archivos/fragmentos/Por_que_Leer_los_clasicos.pdf
Italo Calvino empieza su ensayo titulado Por qué leer los clásicos proponiendo algunas definiciones sobre el controvertido concepto de «clásicos»:
1. «Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: “Estoy releyendo...” y nunca “Estoy leyendo...”».
2. «Se llama “clásicos” a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos».
3. «Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual».
«Hay en la obra una fuerza especial que consigue hacerse olvidar como tal, pero que deja su semilla».
Y sigue diciendo sobre los clásicos:
4. «Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera».
5. «Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura».
«En la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud. Si los libros siguen siendo los mismos (aunque también ellos cambian a la luz de una perspectiva histórica que se ha transformado), sin duda nosotros hemos cambiado y el encuentro es un acontecimiento totalmente nuevo».
6. «Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir».
«La lectura de un clásico debe depararnos cierta sorpresa en relación con la imagen que de él teníamos. Por eso nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios e interpretaciones» (dato personal: es preferible enfrentarse al texto solos y después leer el aparato crítico para profundizar y complementar).
Según Calvino, la introducción, el aparato crítico y la bibliografía hacen las veces de una cortina de humo para esconder lo que el texto tiene que decir y que solo puede decir si se lo deja hablar sin intermediarios que pretendan saber más que él.
7. «Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres)».
«Esto vale tanto para los clásicos antiguos como para los modernos».
8. «Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima».
«El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber) pero no sabíamos que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona con él de una manera especial)».
9. «Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad».
«No se leen los clásicos por deber o por respeto, sino solo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o con referencia a los cuales) podrás reconocer después “tus” clásicos. La escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección; pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de cualquier escuela».
10. «Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes».
«Con esta definición nos acercamos a la idea del libro total».
11. «Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él».
«Un clásico puede establecer una relación igualmente fuerte de oposición, de antítesis».
12. «Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquel, reconoce en seguida su lugar en la genealogía».
Calvino emplea el término «clásico» sin hacer distingos de antigüedad, de estilo, de autoridad. Lo que para él distingue al clásico es tal vez solo un efecto de resonancia que vale tanto para una obra antigua como para una moderna pero ya ubicada en una continuidad cultural.
13. «Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo».
«La actualidad puede ser trivial y mortificante, pero sin embargo es siempre el punto donde hemos de situarnos para mirar hacia adelante o hacia atrás. Para poder leer los libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo contrario, tanto el libro como el lector se pierden en una nube intemporal».
14. «Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone».
«Así pues, el máximo rendimiento de la lectura de los clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de la lectura de actualidad».
En definitiva, «los clásicos no se han de leer porque sirven para algo. La única razón que se puede aducir es que leer los clásicos es mejor que no leer los clásicos».
Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, Calvino cita a Cioran:
«Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. “¿De qué te va a servir?”, le preguntaron. “Para saberla antes de morir”».
En relación con este tema, os recomiendo los libros de Nuccio Ordine Clásicos para la vida y La utilidad de lo inútil, así como el artículo de Gemma Lluch publicado en El País: «Leer clásicos no solo da cultura a los chavales, sino beneficios psicológicos» (un buen ejemplar para el comentario de texto).
Quiero darle las gracias a mi querido Aure de @labibliodeaure por redescubrirme este ensayo que ya leí en su día en la carrera de Filosofía, pero que ahora he tenido el placer de releer y encontrarle nuevos detalles y lugares recónditos. Me ha gustado tanto volver a adentrarme en estas líneas que he querido compartiros un resumen del artículo. ¡Espero que os sirva!
Y tú, ¿conocías este ensayo de Italo Calvino? Abro melón: ¿qué es para ti «un clásico»? ¡Te leo en comentarios! 👀
Por cierto, el último clásico que leí (yo al menos lo considero como tal) y que me impactó profundamente fue El conde de Montecristo del escritor francés Alejandro Dumas. ¿Cuál fue el vuestro?
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